Poder Ejecutivo. Antiguo Palacio de Gobierno, que fue destruido para dar paso al edificio actual, entre 1975-1981. Fotos: Archivo
Imaginemos que usted es un paracaidista experimentado perteneciente al Escuadrón 201 y es la primera vez que salta en una ciudad en el norte de México. Anda de gira con sus colegas, mientras en otro continente se desata la Segunda Guerra Mundial

Usted es famoso gracias a que realiza con gran destreza cierta acrobacia: caer en el centro de un círculo dibujado en el suelo en caída libre a 200 km/h. Cuando van faltando unos segundos para impactar en tierra firme abre el paracaídas y observa la circunferencia blanca en medio del semidesierto. Hace los movimientos de rutina para el aterrizaje y de repente un fuerte ventarrón lo desvía hacia una hilera de nopales y el truco no se logra concretar. Nunca en su vida había fallado y usted vino a fallar a Saltillo.

Después de tres minutos de estar inconsciente, despierta y usted está justo en la calle de Allende en medio de la Batalla de La Angostura rodeado de soldados gringos. Se quita la última espina que tiene incrustada cerca de la nariz. Agarra una cámara, enfoca al Ejército de Estados Unidos y captura la primera foto de guerra de la historia: claro que usted no tenía ni la más mínima idea.

Quedó con sed; guarda la cámara y camina hacia una cantina para tomar una cerveza mientras todos a su alrededor están en conflicto. Entra, se sienta, bebe dos cervezas y sale. 

Usted es un olvidadizo desesperante desde niño y ésta vez olvidó la cámara fotográfica en el tugurio. Después, un soldado gringo la encontraría en la mesa y la llevaría a un granero en Connecticut para también olvidarla en ese lugar. Pasando algunas décadas, uno de esos estudiosos que usan anteojos, maletín de piel y mocasines (disculpe el cliché) la encontraría y llegaría a la conclusión de que ésa era la fotografía de guerra más antigua del mundo. La llevaría a la Universidad de Yale y hacia algún museo de Texas. (No olvide que este es un ejercicio de imaginación).

Buitres. Alumnos de la Narro, cuando la UAAAN aún no era Universidad (1951). Fotos: Archivo

Después de la cantina, usted toma un tren a Real de Catorce porque le han dicho que allá encuentra peyote, huicholes y los atardeceres son perfectos. El tren viaja abarrotado de peregrinos de regreso y después de visitar a San Francisco de Asís: En total eran 22 vagones repletos de franciscanos, muchas maletas, dos perros, varios bebés, una parrilla para carne asada y usted, su pipa y algunas cicatrices en el rostro.

Obviamente 22 vagones es una sobrecarga y en una curva se descarrila dejando más de 550 muertos, gracias a Dios usted sobrevivió.

Después de colaborar en el rescate y limpiarse el polvo de la tierra que traía en la ropa, regresa en caballo a Saltillo y mientras busca un lugar para recuperarse de la jornada esperpéntica, se topa con un hombre entregando manifiestos en banqueta. Era Adrian Rodriguez que le pide baje del caballo, le abraza y le da la bienvenida a su Ciudad Lux. 

Un libro extraordinario 

Las pasadas escenas (mitad ficción, mitad historia) fueron realizadas a partir de información tomada del libro escrito por el doctor Jorge Fuentes Aguirre, impreso en el año 2008 y titulado “Saltillo insólito, 100 años de sucesos extraordinarios”.  

Dentro de las páginas del texto que se puede encontrar en Archivo Histórico de la ciudad, el escritor plasmó los hechos extraordinarios que fueron ocurriendo durante 45 años.

Algunos sucesos se dio a la tarea de investígarlos y otros fueron tomados del día a día. 
Algunos de los casos más raros y que de cierta manera han marcado nuestra historia, pueden ser los siguientes: 

22 y 23 de febrero de 1847, se toman en la ciudad las primeras fotos de guerra en la historia.     

En 1891 vivió el ahora santo Miguel Agustín Pro, padre jesuita perseguido por Álvaro Obregón, por estar supuestamente implicado en atentado de bomba contra el presidente; fue fusilado. En 1988 el Papa Juan Pablo II lo beatificó. La Iglesia defendió su inocencia. 

El 8 de agosto 1943 el Escuadrón 201 dio una exhibición donde Roberto Sosa falló su salto de ataque bélico, desviándose a una nopalera en las orillas de la antigua carretera a Piedras Negras.

Alameda. La Fuente de las Ranas al principio fue Fuente de los Faisanes (1930). Fotos: Archivo

En 1945 el anárquico Adrian Ridríguez, personaje inaudito y “obnubilado mental”, como lo califica el autor de libro, pintó los vagones del ferrocarril la leyenda “Muera Truman”, en protesta por la utilización de la bomba atómica. Como consecuencia, el presidente Manuel Ávila Camacho tuvo que pedir una disculpa diplomática al vecino país del norte.

El 25 de mayo de 1950, un “hombre mosca” escaló la torre de la Catedral en 55 minutos.     

El 22 de julio de 1967, en la primera presentación de los voladores de Papantla, murieron tres de los integrantes en caída libre.

El 5 de octubre de 1972, se descarriló el tren que venía hacia Saltillo procedente del Real de Catorce. Murieron más de 500 personas que acudieron a venerar a San Francisco de Asís.  
(Sin fecha) Se suicidó en la Alameda de Zaragoza el pintor inglés Thomas Benson. 

El 23 de agosto de 1974 nació el hombre, que para entonces tendría el nombre más largo del mundo: Brhadaranyakopanishadvivekachuda Erreh Mueñoz Castillo.

El 1975 en la calle de Presidente Cárdenas el clima de Saltillo mató a una jirafa, según declaraciones de los encargados de trasladarla. Paul Getty, filántropo millonario había regalado el ejemplar al zoológico de Chapultepec y la trasladaban de Los Ángeles, California hacia la Ciudad de México.

En la década de los 80, vivía Chéforo, un músico urbano que sabía el cumpleaños de muchos vecinos y siempre les cantaba Las Mañanitas en la puerta de su casa. 

2 de junio 1980, se metieron dos elefantes y un tigre a la casa del doctor Don Luis Garza, ubicada en el bulevar V. Carranza. El felino mató a una vaca. Los animales se escaparon del circo italiano instalado a un costado del domicilio. Un día después, el elenco integrado por payasos, malabaristas, enanos y magos le ofrecieron a él y a su familia un show en el jardín a manera de disculpa.       

La extorsión telefónica era un caso raro

22 de noviembre 1985 trataron de extorsionar al ingeniero Rodolfo Aguirre Flores, tesorero municipal del alcalde Carlos de la Peña Ramos. Le llamaron a la casa del Alcalde pidiéndole que depositara un millón de pesos en un bote de basura en alguna esquina de la Colonia República, o si no matarían a su socio.

La Subprocuraduría de Justicia se encargó de resolver el caso. Al final de cuentas el socio se encontraba de viaje por Guadalajara. Arrestaron a una pareja.