El ajedrez es un juego milenario cuyo origen es aún desconocido. Quienes han tratado de seguir su rastro a través de la historia, encuentran que un velo misterioso encubre su origen y procedencia. Tan solo se puede estimar que su nacimiento se remonta hasta el siglo III A.C., en la India, bajo el nombre de Chaturanga y que, a través de los años, ha evolucionado poco a poco hasta llegar a ser como lo conocemos hoy en día.

La historia del ajedrez moderno comienza a escribirse en el siglo XV, cuando llegó a Europa y su práctica empezó a considerarse como un símbolo de “estatus” entre los nobles; puesto que era un juego exclusivo de la aristocracia, de ahí la expresión: “juego de reyes”.

Desde entonces, su popularización ha sido imparable, de acuerdo a estudio publicado por la compañía YouGov, en 2012, más de 605 millones personas juegan ajedrez regularmente. ¡Casi el mismo número de los usuarios activos en Facebook en aquel año!

Al igual que en Facebook, día tras día se suman nuevos adeptos a este juego, que lo mismo califica como arte, deporte y ciencia. Resulta interesante comoo La Diosa Caissa ha atraído hacia sus aras, no sólo a científicos e intelectuales como Stephen Hawking, Albert Einstein, Neil DeGrasse Tyson, el Che Guevara, Fidel Castro o Julio Córtazar; sino también a celebridades como Kate Moss, Justin Bieber, Lady Gaga, entre muchos otros.

El aclamado “juego de reyes” se ha infiltrado tan profundamente en la historia de la humanidad, que sería imposible asignarle una fecha de extinción. Ni si quiera los mayores visionarios, creadores de escenarios futuristas, impregnados de ciencia ficción, se atreven a imaginar una sociedad donde el ajedrez no exista. Ya sea en una nave tripulada rumbo a Júpiter (2001: Space Oddysey), o en la búsqueda para llegar “a donde ningún hombre ha llegado jamás” (Star Trek), el juego ciencia sigue vigente.

Los 64 escaques del tablero se extienden como un mundo utópico donde todos son iguales. En este juego no hay distinción de raza, género, edad, o condición social; la única diferencia permeable es: blancas contra negras, el ying y el yang, en una lucha constante. Durante la partida, la única manera de solucionar los problemas es utilizando la lógica. Ni amistades, conocidos, dinero, poder, nada que no sea una idea, producto del raciocinio, podrá librarte de la derrota. Tal vez sea esta equidad, uno de los factores fundamentales que han propiciado su gran número de fans alrededor del planeta.

No sólo se juega en palacios rusos o las cortes europeas, también se practica entre las comunidades más marginadas de África y entre los “homeless” de Central Park en Nueva York. Una vez llegado a cada rincón del mundo, el ajedrez decidió lanzarse a la conquista del universo. En agosto del 2008, el astronauta estadounidense Greg Chamitoff, desde la Estación Espacial Internacional, retó a un duelo a sus compatriotas en la tierra. En gravedad 0, Chamitoff venció.

Con más de seis siglos de existencia e historia, el ajedrez se niega a morir. “Sobrevivirá el ajedrez el siglo XXI?”, le preguntaron al GM ruso Alexander Grischuk; “se necesita plantear otra pregunta: ¿sobrevivirá la humanidad el siglo XXI? Hay tantas cosas que están sucediendo en el mundo... Pero si la humanidad sobrevive, el ajedrez también lo hará”, respondió el ajedrecista en un movimiento magistral ante quien lo cuestiona como los que suele hacer en los tableros durante sus partidas, las cuales son grandes obras.

Ojalá sobrevivamos.
Aida Sifuentes