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Albert Camus: Vigencia de Sísifo

`Albert Camus es considerado menos un filósofo que un novelista y un dramaturgo; sin embargo, dos de sus ensayos son una buena clave para comprender, si no el existencialismo en general, sí algunos rasgos que lo caracterizan, y mucho de lo que Camus expresa como artista en su obra'

Por:   Javier Treviño Castro

sábado, 21 de septiembre del 2013

  • Foto: Vanguardia-Archivo

Saltillo, Coahuila.- En el entorno de la Feria Internacional del Libro en Arteaga, el escritor regiomontano Xavier Araiza ofrece un breve curso sobre la obra y el pensamiento de Albert Camus, uno de los autores franceses considerados como existencialistas.

Camus es uno de esos escritores fundamentales -con Kafka, Mann, Hesse, Lorca, Rulfo, Fuentes, Arreola- que dejó una impronta imborrable en varias generaciones de mexicanos, gracias a que hace algunos años los planes de estudio de las preparatorias aún consideraban importantes a las "humanidades".

El poeta y dramaturgo Xavier Araiza se ha especializado en el "existencialismo", una corriente filosófica y literaria cuyo origen más claro se encuentra, como se sabe, en el pensamiento del francés Blaise Pascal -siglo 17- y después en el del danés Sören Kierkegaard -siglo 19-, para desarrollarse con toda plenitud durante los momentos más aciagos del siglo 20 en la obra de los alemanes Martin Heidegger y Karl Jaspers, los franceses Jean-Paul Sartre y Gabriel Marcel, y otros más, de diversas tendencias ideológicas y posturas religiosas. Schopenhauer y Nietzsche son otros ancestros ilustres.

Albert Camus es considerado menos un filósofo que un novelista y un dramaturgo; sin embargo, dos de sus ensayos son una buena clave para comprender, si no el existencialismo en general, sí algunos rasgos que lo caracterizan, y mucho de lo que Camus expresa como artista en su obra. "El Extranjero" y "La Peste" son dos de sus novelas representativas; "Calígula", "El Malentendido" y "Estado de Sitio", tres de sus dramas más significativos. Los ensayos a los que me refiero son: "El Mito de Sísifo" y "El Hombre Rebelde". En éstos, Camus consigna su pensamiento a partir de un método expositivo; en aquéllos lo hace en virtud de la narración y el diálogo. Pero ya exponga teóricamente sus ideas o las vierta, sublimadas, en obras literarias, el resultado se condensa en una pregunta: ¿qué hacemos con nuestra existencia?

En sus ensayos, Camus no acude al lenguaje frecuentemente abstracto de la filosofía. No encontraremos en ellos la densidad teórica ni la terminología que Heidegger tuvo que emplear y acuñar en su monumental "El Ser y el Tiempo", ni el entramado conceptual que tiende a extraviarnos en "El Ser y la Nada", de Sartre. Camus es mucho más accesible, pero no menos hondo e inquietante.

En "El Mito de Sísifo" el autor dirige su reflexión hacia "lo absurdo". Compone su ensayo en cuatro partes y un apéndice: "Un razonamiento absurdo", "El hombre absurdo", "La creación absurda" y "El mito de Sísifo". El apéndice está dedicado a las ideas del autor de "El Proceso" y se llama "La esperanza y lo absurdo en la obra de Franz Kafka", nada menos.

Para entendernos, he aquí una referencia: "Sísifo, en la mitología griega, rey de Corinto, hijo de Eolo, rey de Tesalia. Sísifo observó cómo el dios Zeus se llevaba a la hermosa joven Egina y le contó a su padre lo que había visto. Enfurecido con Sísifo, Zeus lo condenó al Tártaro, donde estaba obligado a llevar eternamente a la cima de una colina una piedra, que siempre caía rodando y, por tanto, su esfuerzo debía recomenzar." (Biblioteca de Consulta Microsoft r Encarta r 2005).

El ensayo de Camus arranca con un disparo a quemarropa: "No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale la pena o no de ser vivida equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía." (Alianza, 1999, trad. Esther Benítez). Las clasificaciones y las categorías vienen después, dice Camus, perentoriamente. Lo primero que importa es saber si es necesario vivir la vida. El sentirse "arrojados al mundo", como diría Heidegger, ¿qué implicaciones tiene para un ser humano que ha adquirido ya la conciencia de que es, de que existe?

"Comenzar a pensar es comenzar a estar minado", dice Camus. Y en este momento de la lectura, que es apenas el principio, el autor nos instala ya "in media res", es decir, en el centro del vórtice: pensar nos hace saber que, en el fondo, todo en la vida humana es absurdo. Esta conclusión no puede llevar sino a dos opciones: abandonar voluntariamente la vida o seguirle la corriente. Llegados a tales extremos, es necesario hacer una advertencia: hay, grosso modo, tres formas del existencialismo: el ateo, el agnóstico y el religioso. Camus se adscribe al primero, evidentemente. Para un cristiano sería absurdo pensar que la vida es absurda.

Camus no define didácticamente "lo absurdo", pero su ensayo está atravesado por este sentimiento y granado con múltiples alusiones a las ideas de varios pensadores existencialistas. Desde el principio, el autor advirtió que no hablaría del suicidio como un fenómeno social sino como un acto individual, un acto que responde a la indiferencia del mundo frente a las preguntas que todos nos hemos hecho a lo largo de los tiempos y de la vida subjetiva: ¿qué hago aquí?, ¿qué sentido tiene todo esto?, ¿hacia dónde voy?

"Lo absurdo -dice Camus- nace de esta confrontación entre el llamamiento humano y el silencio irrazonable del mundo."

¿Es esta corriente filosófico-literaria un callejón que no ofrece ninguna salida? Para quien no tenga como asidero el "clavo ardiente" de una religión y de un Dios, o al menos algún sentido de la espiritualidad, no, no hay escapatoria: fuimos echados aquí y aquí seguiremos, sin respuesta alguna, hasta la muerte, deliberada o no; seguiremos en medio de este "malentendido", alienados por la costumbre y el hábito. Quienes busquen esperanzas podrán acudir a sus creencias religiosas o a pensadores existencialistas de otra índole.

Por éste y otros motivos, el nexo entre existencialismo y marxismo -o entre una actitud existencialista y otra optimista- ha sido tan debatido. El mismo Camus parece tocar un anhelado picaporte cuando escribe: "El quiebro mortal que constituye el tercer tema de este ensayo es la esperanza." ¿La esperanza en qué?, preguntaría cualquiera, luego de contemplar el paisaje absurdo y desolado que nos rodea, el mismo que ha cercado al hombre desde siempre.