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Despedida en Holbox

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  • El Universal
  • 02-Julio-2009
  • Termina tu fin de semana en una isla para observar aves y donde se preparan pizzas de langosta


    No más Caribe. Ahora hacia el golfo de México, también en Quintana Roo. Para llegar a la isla de Holbox hay que hacer un viaje de dos horas y media por carretera.

    Luego llegamos a Chiquilá, un pueblito muy pequeño con un embarcadero de donde salen las lanchas que llevan a Holbox. Carlos, el lanchero, presume su territorio. Cruzamos una laguna hacia la Isla de los Pájaros.

    Entre aves

    Cerca de donde se detiene la lancha está el observatorio de aves. Dos gaviotas nos ven pasar. Desde las alturas y con unos binoculares observamos varias especies.

    Una pareja de pelícanos ha llegado a su nido para alimentar a sus crías. Los polluelos meten la cabeza completa al pico del padre. Los patos negros sólo toman el sol mientras dos flamencos rascan el suelo cubierto por una pequeña cantidad de agua en busca de camaroncitos.

    A la isla

    Llegamos a Holbox. Son cinco cuadras de territorio. Se puede tomar un taxi (todos los vehículos son carritos de golf) para recorrer la isla. Nosotros preferimos caminar.

    Por todos lados hay letreros de tours para ir a nadar con el tiburón ballena. Holbox fue el pionero en promover estos paseos. Lamentablemente sus aguas son más turbias y la visibilidad bajo el agua es más complicada, pero a diferencia de Isla Mujeres el costo es más accesible: 800 pesos.

    Aguantamos el hambre para llegar a Edelyn, una pizzería en la calle Palomino, famosa por sus pizzas de langosta. Nadie se equivoca al decir que son deliciosas. Y, como postre, un helado de avellana hecho en la tiendita Turística Moguel, con ese vasito calmamos el calor que nos pega la ropa al cuerpo y hace que el sudor se cuele por todos los rincones.

    Rentamos por 100 pesos la hora un carrito de golf y nos vamos para la playa a ver sus hoteles boutique.

    El más famoso es Casa Sandra con camas de descanso en plena playa. Las Nubes está de estreno, lo abrieron el primer día de este mes.
    Holbox y su tranquilidad nos incitan a quedarnos una noche para ir a sus antros, pero debemos volver a Cancún.

    El cierre

    Después de comer un cebiche de camarón en el restaurante del hotel Xaloc nos vamos para Yum Balam, una reserva ecológica a siete minutos de Holbox. Es pequeña, pero con un ojo de agua de color esmeralda donde se puede dar un chapuzón y esnorquelear para ver cómo el agua brota del subsuelo.

    Por último tenemos una explicación del tipo de mangle que crece en la zona. Por esos delgados pero resistentes troncos corren cangrejos que comen uvas de mar.

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