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Real de Catorce: encantos de un pueblo fantasma

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  • Redacción
  • 17-Junio-2009
  • Estas en la parte más alta del altiplano, en San Luis Potosí. Aquí el silencio es la vitamina más poderosa para suspender el tiempo

    • Real de Catorce

    Algo se mueve dentro de nosotros, y no es la sensación del auto en movimiento mientras bajamos la carretera empedrada del ejido de Potrero, en San Luis Potosí, “faltan unos 20 minutos para que lleguemos”, dice Don Luis, quien conduce la camioneta. Mientras, el paisaje ya nos ha dado la bienvenida, los bosques de yucas y las biznagas cabuches con sus cabezas rojizas, están por todas partes. Es verano y se desconocen las fotografías áridas de un desierto casi blancuzco, lo que pasa frente a nosotros son hectáreas verdosas, con pasto y más árboles, incluso, con flores. “¿Será esta la magia de la que hablan?”, pregunto, pero la respuesta por lo menos en ese momento no existe, sólo un aliciente: “Ya llegamos, esto es Real de Catorce”, dice Don Luis.

    24 horas de energía anímica

    Son las dos de la tarde. Para etrar pagamos 20 pesos (cuota por auto). Y mientras atravesamos el Túnel Ogarrio -que dicho sea de paso se le llamó así porque su benefactor, un tal Vicente Iriza, nació en un lugar de España llamado de esa forma-, tenemos la sensación de que las preocupaciones se olvidan, lo que nos atrapa es la oscuridad y las mínimas luces amarillas que dirigen nuestro camino de más de 2 kilómetros para que, de una forma barraganesca, la cúpula de la Parroquia de la Purísima Concepción se ilumine y tras ella, la montaña sagrada de El Quemado, abrace a este territorio real, fundado en 1778.

    “Hace hambre”, dice Chivis y como experta en estos territorios nos guía hacia la calle Lanzagorta, que es la principal, hasta el restaurante Mesón de la Abundancia. Antes, pasamos por dos monumentos valiosos del pueblo: La Casa de Moneda, donde se acuñaron un millón y medio de reales; y la Parroquia que antes nos saludó con su cúpula y donde está el milagrosos San Francisco de Asís, “El Charrito”, dicen que todos los años y días antes de su festividad, le cambian su traje y siempre le tiene que poner nuevos guaraches porque se los gasta, ya que por las noches se levanta a cumplir milagros. Además, su piso está hecho de madera de mezquite de la región.

    Pedimos una pizza de cabuches, el sabor es agridulce y la consistencia suave, amarillosa. Si te gustan, los venden en conserva. Tampoco resistimos una cerveza, el sol pega fuerte a está hora del día. “¿A poco si espantan?”, le pregunto a Chivis, pero quien me responde es un catorceño, Don Diego, tiene 80 años y es el cronista de Real. “El nombre de Pueblo Fantasma es porque cuando se devaluó la plata, todos los mineros salieron a buscar trabajo y se fueron con sus familias hasta que quedamos unos 200 habitantes, nunca se quedó sin personas. De lo otro, todo depende de tu conciencia.
    Un día junto con unos amigos estábamos sentados en el kiosko de la Plaza de Armas, y vimos a una mujer vestida de blanco y con un velo negro, que bajaba por el empedrado. Nos sorprendimos porque traía tacones y eran pasadas las 12 de la noche. La seguimos y al dar la vuelta en la Calle Allende, ya no la vimos, fue inexplicable, pero nadie quiso bajar y mejor nos regresamos al kiosco”.

    Para hacer digestión la comida, o el susto, decidimos conocer la Capilla de Guadalupe y su Plaza de Toros. Entonces subimos por la calle de Zaragoza y, siguiendo el mapa que tomamos del Mesón, vemos que Real se planeó como un tablero de ajedrez, o sea, no te perderás nunca por sus callecitas. Lo que sí, es que aquí o tienes buena condición o te tardarás mucho en llegar a tu meta. El tema es que además de empedradas, hay que subirlas ya que el pueblo está sobre montañas.

    Conocemos la Casa Mendizábal, que era una antigua boutique donde llegaban los insumos de España, hoy, sólo se observan sus ventanales, “Dicen que por las noches todavía el olor a flores se puede percibir, ¿será que alguna doncella se quedo atrapada en sus paredes de piedra?”, nos dice Alejandro, nuestro guía. Pero mejor no nos distraemos y seguimos cuesta arriba hasta la Capilla, una construcción de 1770. Aunque la verdad, lo espectacular está en su interior, una colección de pinturas religiosas del siglo 19. Frente a la Capilla, la Plaza de Toros totalmente de piedra.

    De regreso decidimos conocer el Palenque donde frecuentemente se presentan espectáculos musicales. Es de cantera rosa y se construyó en 1863.

    Alejandro sugiere que descansemos y decidamos si mañana subimos a caballo hasta El Quemado o si bajamos en una Willis (jeeps de la posguerra) a conocer el desierto, “cualquiera de las dos opciones los llevará al interior de sus sueños”, asegura.

    No es lugar para débiles

    Para los huicholes, llegar al paraíso es una oportunidad que pueden cumplir cada año

    Lo vi en sus ojos, Norma sonrió y con su mirada me tejió una protección en el rostro, luego, me dijo que todo estaba en el poder de la fe. El motivo principal de su viaje todos los años al Wirikuta.

    Ella es huichola, vive en Real de Catorce y vende artesanías. Cuenta que sus ancestros habitaron estás tierras y con la llegada de los españoles tuvieron que salir.

sc

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