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Diario de un nihilista

Publicado el: 19-Junio-2009

La guerra del narco. A dos años de su inicio, es hora de hacer un balance de la denominada “guerra del narco”. Desde fuera se define a México como un Estado débil, a pesar de que mantiene el Ejército en las calles de nuestras veinte ciudades más pobladas. Desde fuera, también se sabe que los operativos militares y policiacos obedecen al hecho de que EU cerró sus fronteras, para protegerse de ataques terroristas. Así pues, los jerarcas del PRI podrían reprochar a sus semejantes del PAN, que el Presidente Calderón inició esta campaña por indicaciones de EU. Esta “guerra del narco” es el equivalente mexicano del Plan Colombia, que ha permitido a Álvaro Uribe reelegirse.

Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca, las dos presas mayores capturadas por el régimen del PRI, a mediados de la década de 1980, acaban de ser sentenciados a cuarenta años de prisión. Hace una semana, cuando llevan un cuarto de siglo tras las rejas. Ellos fueron Osiel Cárdenas y el “Chapo” Guzmán de aquel tiempo, capturados cuando el problema despuntaba. Se ha dicho que la gente no tiene memoria, pero ello no es exacto: la opinión pública recuerda cómo surgió y se ha ramificado un problema de seguridad nacional. Cómo ha sido enfrentado y combatido, con altibajos y errores, a lo largo de cinco sexenios, tres priístas y dos panistas, con el apoyo de todas las corrientes políticas y los líderes de opinión. Al parecer, los temas sanitarios y los de Seguridad Pública son los únicos que concitan la unanimidad en una sociedad como la nuestra, tan dada a la suspicacia y cinismo.

En los últimos dos años y medio, el combate al narco ha resultado económicamente muy dispendioso. Ha costado casi tanto como la denominada “transición democrática”. En general, ha sido demasiado oneroso en un país donde, como afirma López Obrador, la prioridad debiera ser el combate a la pobreza. Sobre todo porque en este “match” el Estado ha cumplido el papel de árbitro entre cárteles del narco, que se acribillan unos a otros sin respetar ningún código de honor ni reglamento más o menos deportivo. Pero sobre todo ha gastado ingentes cantidades de dinero en solucionar un problema de corrupción, depurando cuerpos policiacos, que se hallan infiltrados por el narco en los niveles Federal, Estatal y Municipal. El Estado ha empleado fondos públicos en limpiar sus propias armas.

El impacto de la violencia criminal en los medios ha revertido el propósito de esta campaña. Paradójicamente, los operativos militares han aumentado la sensación de inseguridad. Visualizamos a Felipe Calderón como un Presidente cercado a un tiempo por movimientos políticos radicales y por cárteles del narco. Atarantado entre explosiones mediáticas. Martínez Cázares, líder del PAN, habla a gritos, regaña a quien se deje y amenaza ni más ni menos que como un pequeño AMLO: con el tiempo, los enemigos más constantes empiezan a parecerse moralmente uno al otro.

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Abraxas

Por: Alfredo García Valdés
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