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35 años sin Groucho Marx: Una risa con bigote

Su hábil e ingenioso humor dejó su legado al cine y sus cartas a la literatura; es el comediante estadounidense todo un ícono cultural

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domingo, 19 de agosto del 2012

Cuarteto. Los Hermanos Marx dieron irreverencia al humor de Hollywood. Fotos: Vanguardia-Archivo
Cuarteto. Los Hermanos Marx dieron irreverencia al humor de Hollywood. Fotos: Vanguardia-Archivo
Es un hombre al que puede dibujarse con tres características: Ceja poblada y despeinada, grandes lentes sobre una gran nariz y un bigote pintado o real sobre una sonrisa irreverente. Groucho Marx es uno de los más queridos comediantes de la historia del cine y no sólo como comediante, pues, en contraste con el mudo Charles Chaplin, él dejó gran cantidad de diálogos memorables y citas que revelan un humor para ser recordado.

Julius Henry fue su nombre y él dijo de sí mismo, irónicamente: “Nací a muy temprana edad”, en “Groucho y Yo” (1960), “una autobiografía que arroja luz sobre los tres grandes ejes de la existencia del que ha sido considerado el mayor humorista del siglo 20: la familia, la comedia y las mujeres”, relata la agencia Efe.

Entre sus méritos fue ganar un Oscar, un Emmy y lograr ser condecorado con una orden de comendador de las Artes y las Letras de Francia.

Groucho Marx fue el personaje de este otro personaje llamado Julius Henry nacido en 1890 en Nueva York. A su familia de origen judío franco-alemán, se debe el surgimiento de los Hermanos Marx, puesto que ella fue “descendiente de una familia de artistas de vodevil, la que alentó la carrera escénica de sus cinco hijos como medio de salir de la miseria”, cuenta la agencia citada.

Su vocación inicial, señala, fue muy distinta a lo que lo llevó a la fama: “Cuando era muy pequeño, quería ser médico, pero lo que después quise de verdad fue hacerme escritor”, palabras de Groucho a los 80 años, dichas a Charlotte Chandler, quien escribió la biografía “¡Hola y Adiós! Groucho y Sus Amigos” (1979).

Groucho es el más célebre de los Hermanos Marx, un grupo de comediantes que dejó su impronta en el séptimo arte y que fueron llevados a esta área por Minnie, su madre; ellos se convertirían así en Harpo, Chico, Zeppo y Groucho, inicialmente compañías cómicas de humor irreverente, que “acabaron convirtiéndose en astros de Broadway y el cine a finales de los años 20. Para entonces, Groucho, vestido de levita, gafas postizas y enorme bigote pintado, ya había asumido su papel inmortal: el de inepto locuaz con aires de grandeza y gran facilidad para los chistes mordaces, que mascullaba mientras fumaba un enorme cigarro”.

Según El País, en un artículo publicado en 2002, Hollywood convirtió al cuarteto en un equivalente casi a los cuatro Beatles: “un suceso cinematográfico arrollador, un vendaval de humor libérrimo y corrosivo que aún hoy sigue escondiendo las llaves de su misteriosa eficacia universal, por encima de culturas, edades, sensibilidades y tiempos”. Pues allí los chistes eran parte de una personalidad que iba más allá del espectáculo, al menos para Groucho, quien cuando fue invitado a México, recuerda Efe en su artículo de “Se Llamaba Julius Henry, pero le decían Groucho”, fue “informado de que al día siguiente le recibiría el presidente a las tres, (el actor) preguntó: ‘¿Y quién me garantiza que mañana a las tres seguirá siendo presidente?’.

Su vida la llevó al cauce de las curvas femeninas, como las visitas a “burdeles, innumerables noviazgos y tres matrimonios —y otros tantos divorcios—, de los que nacieron dos hijos y una hija”.

Fue el humor de los Marx una revolución, pues con Paramount lograron “cinco filmes que revolucionaron el humor con su mezcla de absurdo y anarquía”, como “Los 4 Cocos” (1929) y “Sopa de Ganso” (1933).

No obstante, para Groucho la vida no lo satisfaría al final del camino, con la ruina económica e intentos infructuosos de manejar su talento en la radio. “Eso le hizo temer que su destino fuese como el de Margaret Dumont, su inolvidable pareja en siete películas en la que el secreto de su buena química era que ‘ella nunca entendía los chistes’, y ante todo ‘una gran dama, que murió sin un penique’”, señala la agencia.

Su mayor fama fue la de que se le atribuyan frases que, “nunca he dicho”. De ahí su epitafio ficticio “Perdonen que no me levante”. Fue al final alguien adorado por el público y figuras como Woody Allen, y tuvo sus últimas apariciones importantes en televisión como presentador del concurso “You Bet Your Life” de 1950 a 1961.

Hoy puede leerse algo de su humor en el libro “Las Cartas de Groucho”, donde se consignan las misivas enviadas a personajes como el autor T. S. Eliot (a quien le dijo “No sabía que fuera usted tan guapo”) o a la Warner Brothers: “Ustedes pretenden ser los propietarios de Casablanca y nadie puede utilizar ese nombre sin su permiso”; “Las cartas de Groucho” están en la Biblioteca del Congreso con su ingenio memorable.