TAMAÑO DE LA LETRA:
Compartir
Publicado en la edición impresa

¡Divorcios! enferman a la sociedad

  • Fuente: Karla Garza
  • 25 enero 2009
Tags Relacionados: divorcio, civil, iglesia, familia, padres, hijos, coahuila
  • Los hijos, los más afectados; sufre mujer estigmatización por la separación conyugal; complicado el proceso civil, y más el religioso

    La danza de las tímidas miradas que se buscan, los paseos de la mano, alguna riña, una feliz reconciliación, luego el anillo de destellante brillo e ilusión y enseguida como espuma de olas sobre olas, encajes blancos… Y entonces, el monosílabo sagrado: “Sí”. Profieren ellos con la voz enamorada un “sí” exaltado en el umbral de una nueva vida juntos… hasta que el divorcio los separe, tal vez en tres o cinco años.

    Ese parece cada vez más, y a nivel mundial, el final del ciclo natural del matrimonio. En México, aunque las estadísticas aún no son alarmantes, por cada 100 matrimonios se registran aproximadamente 14 divorcios. En Coahuila se presentaron 2 mil 223 divorcios en 2008, año en que se celebraron 14 mil 612 matrimonios.

    Por lo general, es alrededor del quinto año de matrimonio cuando la miel comienza abandonar las hojuelas. Tiene que ver con la llegada de los hijos y el inicio de un nuevo ciclo familiar con distintas y crecientes responsabilidades, explica la terapeuta familiar Alicia Hernández.

    Es suficiente tiempo para corroborar cuando ya no existe un proyecto de vida común o ese proyecto se ha vuelto inviable frente a la falta de comunicación y comprensión, las infidelidades, los maltratos y los problemas económicos, frecuentes causas de divorcio.

    Hay quienes buscan reparar fugas antes de dejar hundir el barco.

    Evaluación predivorcio

    Cuando una pareja que está considerando la separación solicita ayuda profesional para salvar su relación, dice la doctora Hernández, “es importante saber si aún cuentan con un proyecto de vida en común que les genere esperanza y fortaleza.

    “Se evalúan factores de peligro: si hay violencia, tiene que haber terapia; si hay infidelidad, pues que haya un compromiso de terminar con la relación fuera del matrimonio; cuando hay adicciones, ponerle en claro a la pareja que tienen que terminarse”, entre otras.

    Cuando por alguna razón no funciona o no es ya posible, para muchas parejas el divorcio es entonces la solución a numerosos problemas… y en particular, generalmente para la mujer, el comienzo de otros.

    “Aún hay mucha señalización social a la mujer divorciada, no se le ve igual que al hombre divorciado. Se espera de ella que se dedique a sus hijos, en cambio de él sí se espera que rehaga su vida”, señala la especialista.

    De ahí que la mujer, a diferencia del hombre divorciado, deba desaparecer para sí misma, “incluso dejando de lado su sexualidad” o debiendo tolerar aun que “algunos hombres piensen que una mujer divorciada es más fácil de conquistar o que puede estar con ella ‘por mientras’ y no dar seriedad a la relación”.

    El castillo del “futuro juntos” suele entonces desmoronarse con más pesadez sobre los hombros de ella. El divorcio constituye un proceso que pone en jaque su autoestima y fortaleza. A su consultorio, refiere la doctora Hernández, las mujeres en esta situación llegan con frecuencia buscando un rumbo, pues lo siguiente para ellas será “el difícil proceso de reedificar, reestructurar su proyecto de vida”.

    De ahí que tomar la decisión de dar por terminada la relación matrimonial, incluso cuando ya poco queda que remediar, resulta difícil. Sobran también las parejas que se esfuerzan en permanecer juntas “por los niños”. Sin embargo, señala la doctora Hernández, no es ésta tampoco una relación sana.

    “Es importante saber si hay un interés personal porque seguir juntos por los hijos es lo más peligroso. A ellos no les sirven para nada unos padres que son deshonestos con su afecto entre ellos”.

    Papá y mamá, por separado

    Pero ante el hundimiento del lazo matrimonial, terceros son los más desprotegidos: los hijos, para quienes siempre resulta, en el mejor de los casos, un desestabilizador emocional que puede incluso llegar a ser traumático si se ignora.

    Antes de los tres años, los niños pueden sortear la situación sin percatarse más de lo necesario de los cambios que sucederán en su vida. “De los tres a los cinco años, el niño experimenta una cierta culpa, piensa que sus padres se separan por algo que él dijo o hizo o no hizo”, explica Hernández.

    “De los 7 a los 14 años es común que pasen por una etapa de no aceptación y ya en la adolescencia, después de los 15, lo común es que experimenten enojo contra sus padres o contra ellos mismos, o los dos casos”, añade.

    Es un error común, señala la especialista, el que las madres hablen mal a los hijos sobre sus padres o viceversa. “‘Si te quisiera aquí estuviera, pero anda con su otra familia’ o ‘A tu padre no le importamos’, son comentarios que un niño no debe escuchar.

    “Hay que dejar que el niño haga sus propios juicios cuando esté listo para hacerlos. Lo que corresponde a los padres es darles herramientas para ello”, señala.

    En el caso de los hijos adolescentes o jóvenes, apunta la doctora, “lo más importante, como ya entran en cierta disciplina, es que los padres estén de acuerdo en para qué lado jalar la carreta”. Tener reglas claras y evitar darle al chico órdenes o parámetros contradictorios, fruto de una mala comunicación o un rencor encubierto, es lo más sano para él.

    En todo caso, recomienda la doctora Hernández, los padres deben evitar a toda costa “usar a los hijos como escudo de batalla, eso es muy peligroso”.

    Por otro lado, “aunque haya un papá fuera de casa, es importante que exista una figura paterna”, indica Alicia Hernández. Para ello, es necesario que el padre que se marcha del techo de los hijos, tenga en su vida continua presencia, “Que tenga voz y voto, que se involucre en la disciplina de los hijos y que tenga una relación afectiva con ellos”.

    De blanco otra vez

    Para muchas parejas, señala el presbítero Humberto González Galindo, el matrimonio no solamente es algo externo, jurídico y social… es decir, humano, sino también algo interno, espiritual y religioso… es decir, divino.

    De ahí que además del divorcio cívico y legal, es importante para ellos disolver el lazo religioso cuando las cosas no han funcionado y tener de nuevo la oportunidad de llevar al altar a otra pareja. Tan sólo en Saltillo la Iglesia Católica lleva anualmente alrededor de una decena de casos de anulación del matrimonio.

    La Iglesia, aclara el padre González, no divorcia, es decir, “no rompe vínculos ni anula lo que fue válido, la Iglesia declara que no hubo validez y hace nulo el matrimonio.

    “Para que sea válido, tengo que aceptar el matrimonio como lo propone la Iglesia; si yo tengo un matrimonio a mi gusto y capricho, que yo lo hago y lo deshago, ese no es matrimonio; la Iglesia tiene un concepto de matrimonio que depende de Dios… incluso le llama Sacramento del Matrimonio”.

    La Iglesia, agrega, establece ciertas condiciones para que el matrimonio sea “verdadero”. “En primer lugar debe ser entre un hombre y una mujer; para toda la vida; para ellos dos la fidelidad; para engendrar hijos y para buscar el bien de las partes. Si yo niego alguna de esas condiciones, no es matrimonio. Es decir, si yo me caso nada más para tener una enfermera, eso no es matrimonio; si yo me caso con alguien que no puede tener hijos, ese no es matrimonio”.

    Proceso canónico para el divorcio

    En la Iglesia Católica, como en el Estado, explica el clérigo, hay tres poderes: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. El obispo concentra los tres, pero le encomienda a un vicario judicial que arregle esos asuntos, de modo que existe un tribunal eclesiástico encargado de ellos, con jueces, abogados, defensores del matrimonio, notarios, todo un tribunal del que a nivel local el padre González es presidente. Dicho tribunal puede declarar el matrimonio nulo por falta de entendimiento, de voluntad o de la forma jurídica.

    “Si yo me caso —explica— estoy dando mi consentimiento, haciendo un contrato. Si es un consentimiento inválido, entonces no vale el matrimonio. Por ejemplo, si estoy bien drogado y delante del sacerdote te digo que sí me caso, pero no estoy completo de mi mente, mi consentimiento es inválido. O te embaracé, viene tu papá y me amenaza con una pistola, y digo ‘cómo no, sí me caso’, entonces mi ‘sí’ fue condicionado por una pistola y es inválido; o tú me quieres mucho, soy guapo, soy rico, pero tú no has descubierto que yo me drogo y ya cuando estamos casados te das cuenta que te engañé porque yo me drogo continuamente.

    “O somos novios, pero yo nada más te beso la mano, nunca te he hecho una caricia incorrecta y me admiras porque soy muy respetuoso. Nos casamos y resulta que yo era respetuoso contigo porque a mí me gustaban los hombres. También si el hombre no puede tener erección en su miembro o la mujer tiene su vagina muy estrecha y no puede haber contacto sexual, es decir, si se declara impotencia física, psicológica o relativa”, detalla.

    Al explicar el proceso, el padre González dice que los fieles interesados realizan una solicitud llamada libelo explicando su deseo de que se anule el matrimonio. Si la solicitud procede, inicia un proceso judicial en el que tres jueces y cuatro abogados reciben pruebas documentales, personales, periciales, que prueben que el matrimonio fue nulo. El abogado presenta la defensa y de parte de la Iglesia alguien se opone oficialmente. Los jueces tienen entonces la opinión del abogado, de la Iglesia y las pruebas. Si declaran que ese matrimonio fue nulo en primera instancia en Saltillo, tiene que pasar a segunda instancia a Monterrey.

    Matrimonio anulado

    El decreto de nulidad llega regularmente después de dos años. Los contrayentes pueden volver a casarse ante la Iglesia. “A menos que te hayan puesto un veto, por ejemplo si tu matrimonio fue nulo porque eres drogadicto, si después de cinco años pruebas que eso ya desapareció te quito el veto, pero necesito una opinión de un médico”, añade el padre González.

    Para quienes se ven obligados a solicitar la anulación de su matrimonio ante la Iglesia, “es una tragedia. Yo que soy creyente, tú que eres creyente, nosotros dos que le dijimos a Dios… entonces psicológica y espiritualmente es un fracaso, lo diga o no lo diga, un error”.

    Para quien es religioso y no lo hace, es una pesadumbre, pues según la Iglesia, “lo que Dios ha unido no lo separa el hombre. El matrimonio bien hecho es indisoluble, cuando faltó algo pues entonces sí se puede declarar nulo, pero como es un sacramento delante de Dios que el mismo Jesús bendijo, ante la Iglesia no hay divorcio. La Iglesia tolera la separación física, pero siguen casados espiritualmente”.

    Quienes creen en su vínculo espiritual, en su promesa, en su matrimonio ante Dios… “el que busca la nulidad es porque cree en Dios y si yo soy divorciado y vuelto a casar, no puedo confesarme ni comulgar; yo perdí la comunión con la Iglesia al divorciarme y volverme a casar, porque ante la Iglesia es un adulterio”.

    De ahí que, enfatiza el clérigo, es importante conformar matrimonios con cimientos fuertes. Para ello, dice, primero es necesaria cierta madurez. “¿Cuál es la fruta que más te gusta? Pues cómetela verde, y te hace daño.

    “O que mi hija está embarazada y ahora se casa, ahora hay presiones económicas, sociales, pero la Iglesia prefiere que no se casen y que sigan unidos no por el mayor bien sino por el menor mal; yo les digo que no se casen ni por la Iglesia ni por el civil porque falta madurez, no vale jurídicamente, no vale psicológicamente, es un fracaso, mejor espérense, por eso la Iglesia tolera que estén ahí arrejuntados como se dice popularmente”.

    Un noviazgo normal sano, dice el párroco, es de dos o tres años. “Que se conozcan, el noviazgo quiere decir conocimiento para ver si podemos ser esposos. Si nunca te has confesado y quieres casarte por la Iglesia pues no tiene caso, hay que buscar alguien semejante para que podemos hacer química, las edades, la nacionalidad, la formación psicológica, la religión, la educación, todo”.

  • Tags Relacionados: divorcio, civil, iglesia, familia, padres, hijos, coahuila
  • Fuente: Karla Garza

TAMAÑO DE LA LETRA:
Compartir
Publicado en la edición impresa
Enlaces patrocinados  Archiveros Sillas para Oficina Hoteles Saltillo
  • Comenta aquí›


  • Publicidad›


Síguenos en:
  • Nuestra Comunidad›


VANGUARDIA on Facebook
VANGUARDIA on Facebook
VANGUARDIA on Facebook